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3 de marzo de 2019

NO QUIERO ORAR PORQUE HE PECADO

NO QUIERO ORAR PORQUE HE PECADO






Esta siempre ha sido una de las mayores excusas que nosotros mismos tenemos para justificarnos para no orar.  “NO QUIERO ORAR PORQUE HE PECADO”. En esos momentos surgen en nosotros dos sentimientos que no nos  permiten levantar la cabeza para arrepentirnos: la culpabilidad y la vergüenza.

Cuando yo era joven aparte de tener que luchar contra mis propias inseguridades, desánimo y rebeldía, lo hacía también contra la culpabilidad y la vergüenza de presentarme delante de  Dios, cada día con la misma serie de pecados y que me tenían atado y desde luego hacia que me apartara de SU PRESENCIA.

Hasta que aprendí este versículo y  lo grabé con fuego en mí corazón:

“Ante mí preparas una mesa delante de mis enemigos, unges mi cabeza con aceite y mi copa rebosa. El bien y la bondad estarán conmigo todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor durante días sin fin”
SALMOS 23:5-6 BLPH

Como ya lo habíamos hablado Dios esta pendiente todos los días de nosotros y desea que nos acerquemos a Él, con un corazón humilde (recordemos que la humildad nos hace reconocer nuestra posición delante de  Dios) para dejarse tratar ya sea por todas las cosas buenas que podamos hacer,  o, tal como Dios espera de nosotros nos presentemos arrepentidos cuando nos equivocamos para ser corregidos y vivamos conforme a su SANTA Y PERFECTA VOLUNTAD.

Este Salmo lo escribió David en un momento de su vida, donde el rey Saúl, ósea su suegro lo perseguía para matarlo. David estaba recién llegado a la cueva de Adulam, allí él comprobó el respaldo que Dios le estaba dando a su trabajo, pero al fin de cuentas estaba huyendo de su suegro por las injurias que éste pronunciaba de David y por lo cual era buscado para matarlo.

Años más adelante David mismo escribió:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente”
Salmos 51:1-4, 10-12 RVR1960

En estos momentos David ya ha sido nombrado rey sobre Israel, en una temporada de salir a la guerra, él fue ocioso y dejó de ser el general de Israel para ser simplemente el rey. En una mañana después de levantarse se asomó a su balcón y codició a una mujer, sabiendo que ya tenía como tres mujeres para aquel entonces. Ésta quedó embarazada y David tramó toda una historia para que Urias el Hitita estuviera con su mujer, pero ante la negativa de él lo mandó a asesinar poniéndole en lo más crudo de la batalla y cayendo éste en manos del enemigo.

David sabía que tenía que presentarse delante de Dios, todos los días, creyó que con esta burda imitación de limpieza al considerar que  Urias fue un héroe de guerra y que las cosas quedarían así, sin resolver y que Dios no le diría nada.

Días más adelante llega el Profeta Natán delante de David y trayendo una parábola, le descubre su pecado y su falta, también le dijo lo que sería con el niño que estaba esperando Betsabé.

El niño después de nacer enfermó gravemente y a los ocho días murió, durante este periodo David ayunó, clamó y se vistió de manera adecuada para la ocasión, hasta estuvo tirado  en el suelo como un perro,  puedes leer todo lo acontecido  en 2 de Samuel 11 y 12.

Cuando el niño murió, David se presentó delante del Trono De Dios:

“Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió.”
2 Samuel 12:20 RVR1960

Y entró a la casa de Jehová, y adoró. En estos momentos es que pronuncia delante de  Dios el Salmo 51.

No hay excusa para no presentarte todos los días delante De Dios, independientemente de tu pecado o circunstancia, recuerda que todos los días Dios ha preparado una mesa para ti delante de tus enemigos (tanto físicos como espirituales) para que disfrutes del mayor banquete de todos, GOZAR DE SU PRESENCIA.




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Dios te bendiga y traiga revelación a tu vida de la Mentalidad de Cristo que ya está en ti.



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