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14 de junio de 2019

EL SACERDOCIO PERFECTO DE JESUCRISTO (II)

EL SACERDOCIO PERFECTO DE JESUCRISTO (II)


Conocer mis antepasados, me acerca a mi futuro.




Uno de los libros de la Biblia que más me cuesta de leer es Números, pero intentar evadirlo, es perderme parte de las bendiciones allí descritas, quizás no porque el apellido Gómez Plaza esté allí, sino que al querer omitir las interminables genealogías me pierdo del valor y significado que tienen.

Por poner un ejemplo: 

“Booz fue el padre de Obed. Obed fue el padre de Isaí. El primer hijo de Isaí fue Eliab; el segundo, Abinadab; el tercero, Simea; el cuarto, Natanael; el quinto, Radai; el sexto, Ozem y el séptimo fue David.”
1 Crónicas 2:12-15 NTV

Gracias al libro de las Crónicas podemos encontrar esta genealogía del rey David, de la misma manera podemos observar por ejemplo los ascendientes de Jesucristo:

“El siguiente es un registro de los antepasados de Jesús el Mesías, descendiente de David y de Abraham: Abraham fue el padre de Isaac. Isaac fue el padre de Jacob. Jacob fue el padre de Judá y de sus hermanos. Salmón fue el padre de Booz (su madre fue Rahab). Booz fue el padre de Obed (su madre fue Rut). Obed fue el padre de Isaí. Isaí fue el padre del rey David. David fue el padre de Salomón (su madre fue Betsabé, la viuda de Urías). Jacob fue el padre de José, esposo de María. María dio a luz a Jesús, quien es llamado el Mesías”
Mateo 1:1-2, 5-6, 16 NTV
Gracias a este registro histórico, recalco más bien aburrido, podemos encontrar grandes tesoros, tales como la línea ascendiente de Jesús llega hasta el mismo patriarca Abraham, con lo que todas las promesas dadas a él, se dieron y se cumplieron en Jesucristo. También encontramos por ejemplo que Rahab la prostituta quien protegió a los dos espías que Josué envió antes de tomar a Jericó, fue abuela de Jesús. También  dentro de los abuelos de Jesucristo están el rey David y Salomón, hasta casi llegar directamente a José, quién tendría derecho a reclamar el trono de Israel, en realidad quien lo reclamó y ganó fue su Hijo Jesús por derecho físico y espiritual.

En la enseñanza anterior se habló de Melquisedec, un extraño rey y sacerdote, arquetipo de Jesucristo, pero al analizar o estudiar de él no encontramos nada relacionado con sus ascendentes:

“Y Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, le llevó pan y vino a Abram.”
Génesis 14:18 NTV


Ya esta, así de simple, aparece de la nada y desde luego de la misma manera desaparece de la escena bíblica. Ahora me gustaría desafiarte a pensar en ti, tal como yo lo hecho, ¿Quién es tú ascendiente para qué puedas ser rey y sacerdote, según el modelo de Cristo? Y tendrás que llegar a la respuesta lógica, igual que me ocurrió a mí y es que de nadie puedo yo entrar a reclamar, por lo tanto debo de considerar,  sí no fuera por la gracia, misericordia, amor y verdad de Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, no podríamos estar diciendo nada con respecto a este tema.

La palabra de Dios declara:

“De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.”
Hebreos 11:6 NTV

De la misma manera que tienes fe para ser salvo, así mismo  la debes de aplicar para considerar que tienes el sacerdocio de Jesucristo, es decir ser un representante de  Dios, en el amplio espectro de la palabra,  para con los hombres tanto para con Dios. 

En el estudio anterior comenté acerca de lo que te pasa cuando tratas de vivir bajo la ley sacerdotal  de Aarón,  “Cuando vives bajo la religiosidad y la orden de Aarón, eres incompetente para gobernar y te estás moviendo bajo falsas expectativas, estarás siempre agotado tratando de llegar y no lográndolo, por lo tanto te sentirás frustrado y puedes llegar a manifestar sentimientos de amargura hasta el punto de no querer estar más con Dios, mucho menos en una congregación”, veamos lo que le pasó a uno que deseó ser rey y sacerdote sin entenderlo y sin creerlo:

“Precisamente cuando Saúl terminaba de sacrificar la ofrenda quemada, llegó Samuel. Saúl salió a recibirlo, pero Samuel preguntó: —¿Qué has hecho? Saúl le contestó: —Vi que mis hombres me abandonaban, y que tú no llegabas cuando prometiste, y que los filisteos ya están en Micmas, listos para la batalla. Así que dije: “¡Los filisteos están listos para marchar contra nosotros en Gilgal, y yo ni siquiera he pedido ayuda al SEÑOR!”. De manera que me vi obligado a ofrecer yo mismo la ofrenda quemada antes de que tú llegaras. —¡Qué tontería! —exclamó Samuel—. No obedeciste al mandato que te dio el SEÑOR tu Dios. Si lo hubieras obedecido, el SEÑOR habría establecido tu reinado sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino tiene que terminar, porque el SEÑOR ha buscado a un hombre conforme a su propio corazón. El SEÑOR ya lo ha nombrado para ser líder de su pueblo, porque tú no obedeciste el mandato del SEÑOR”
1 Samuel 13:10-14 NTV

¿Qué tenía Saúl en la cabeza para considerar que podría ser rey y sacerdote?
¿Qué se le pasó por la cabeza a David para ser rey y sacerdote?

Ambos personajes, no pertenecen a la Tribu de Levi, Saúl es de Benjamin y David de Judá. Pero ¿Por qué David sí ofreció sacrificio y fue aceptado? ¿Por qué David comió del pan de la preposición el cual era exclusivo de los sacerdotes?

“Allí David edificó un altar al SEÑOR y sacrificó ofrendas quemadas y ofrendas de paz. Y el SEÑOR contestó la oración que hizo por la tierra, y se detuvo la plaga que azotaba a Israel.”
2 Samuel 24:25 NTV

“Como no había otro alimento disponible, el sacerdote le dio el pan sagrado: el pan de la Presencia que se ponía delante del SEÑOR en el tabernáculo. Justo en ese día había sido reemplazado por pan recién horneado.”
1 Samuel 21:6 NTV

Y la respuesta pasa por el mismo sentir que debemos de manifestar, tener fe y actuar en consecuencia y acorde a lo esperado de aquellos que están realmente viviendo:

“Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa.”
1 Pedro 2:9 NTV

Recordemos que la humildad es la capacidad de reconocer quien soy y delante de quién estoy. No podemos olvidar del lugar que Dios nos liberó, que lo hizo para ser sus representantes aquí en la tierra. Cuando Abraham gobernó y fue sacerdote, ¿Acaso lo hizo leyendo lo dicho por el Apóstol Pedro?, pero cuando lo hizo Isaac, ¿Tomó un falso linaje para hacerlo? Lo mismo puedo decir acerca de Jacob, ¿Quién le dijo que  podía ser rey y sacerdote?, puedo hablar también de Josué, pero incluso hasta el momento que llegamos al Profeta Samuel, quien gobernó bajo el sacerdocio de Leví, cumplió perfectamente con las 2 características al estilo perfecto de Jesucristo, hasta que una vez más, el ser humano en su afán de querer desligarse de los estatutos divinos, reclaman rey tal como las naciones de alrededor.  Tenemos que estar confiados que Dios sabe como hace las cosas y las hace siempre a favor nuestro. Deja de pelearte con Dios y acepta tu rol sacerdotal según el orden de Jesucristo donde eres gobernador y sacerdote, representando a Dios delante de los hombres, con tu testimonio. Recuerda que el hombre tiene un rol sacerdotal especifico y lo mismo ocurre con la mujer, ella tiene un papel primordial en el sacerdocio. La responsabilidad es compartida, aunque será él  quien guíe y retenga. En el Edén el pecado se acentuó cuando él tomo del fruto, por descuido de su sacerdocio. No le creas más las mentiras al adversario, pues te potencializa  o retrasa para que no estés en el momento oportuno divino. Permite que Dios te ministre  para ser liberado de la religiosidad que te ata y te encadena a la amargura. Vive un estilo de vida sacerdotal, tal como Melquisedec, transmite a los demás la Luz de Jesucristo la cual brilla en ti, demuestra que eres un sacerdote del Dios Altísimo que te ungió a través de su Hijo y por la gracia dada por el Espíritu Santo.

Sé un sacerdote perfecto tal como lo fue Jesucristo.
Vive tu sacerdocio.
Vive al 100% tu asignación divina.


En esta enseñanza hablaré de la hombría como un estado sacerdotal en desuso que tenemos que recuperar tanto los hombres como las mujeres, tomando el  ejemplo de Jesucristo. Sí te gusto este escrito y quieres leerlo completo, entra en la web y lee otros estudios allí publicados, compártelo y suscríbete:


EL  SACERDOCIO PERFECTO DE JESUCRISTO (II)






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Dios te bendiga y traiga revelación a tú vida de la Mente de Cristo que ya está en ti.









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