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27 de marzo de 2019

LA SANTIDAD, EL FRUTO DE VIVIR EN…






LA SANTIDAD, EL FRUTO DE VIVIR EN…









En días anteriores hablé acerca de la necesidad de ser Santos, pues aquel que nos llamó de tinieblas a su luz admirable, categóricamente es Santo. Aprendimos que ser Santo es un atributo exclusivo de  Dios pues él es puro, perfecto, libre de culpa e inviolable, pero que estas características que nosotros no reunimos las obtenemos por la acción de Jesucristo en la Cruz del Calvario, pues él nos ha justificado y pagó por  nuestros errores.

Hoy veremos como la santidad es el fruto de vivir siendo Santos, pues es una consecuencia y no un precursor, pero que al final de todo, vamos a vivir esa santidad por la misericordia, gracia y amor manifestada por Dios el Padre, a través de su Hijo Jesús por medio de la intercesión hecha por el Espíritu Santo pues clama por nosotros a través  de sonidos indecibles.

Durante muchos años he podido escuchar en diferentes conferencias, y leído algunos mensajes donde nos enseñan  y yo mismo he predicado, “para llegar a Dios tenemos que ser Santos”; esto fue una lucha terrible en mí, pues no dejo de dudar en esto, y como siempre, trato de presentarme lo más vulnerable posible, pues no camino un palmo por encima de la gente, ni aun me salen alas, sigo pecando, tanto por acción como por omisión, no soy perfecto,  más voy detrás que aquel quién si es perfecto, sin manchas, ósea él es Santo. 

Este malestar me llevó un día a cuestionarle a Dios, sí realmente yo era tan terriblemente perverso como para no poder tocar siquiera el borde de su vestido. Inmediatamente vino a mis recuerdos el relato bíblico de la mujer con el flujo de sangre, aquella que era rechazada por la sociedad por una condición fuera de su voluntad, quizás ella no había hecho nada para merecerlo, pero valientemente supo aguantarlo y gastar casi todos sus recursos económicos para poner remedio a este sin vivir, según la sociedad ella era “inmunda”, por eso no se podía presentar delante ellos, no pudo entrar en décadas al Templo a ofrecer sacrificio a Dios, mucho menos debía tocar a un Rabí, pero ella sacando valor y fe se atrevió a pesar de todo a tocar el manto del Santo, y por eso ella fue Santificada, por entrar en contacto con aquel quién emana todo lo Santo, perfecto, inviolable y sin mancha, tocó a mí amado Jesucristo.

“se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.”
S. Lucas 8:44-45, 48 RVR1960


¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!, exclame; entonces a pesar de todos mis pecados, errores, dudas y falta de fe (estoy seguro  de que hay más en mí), puedo entrar en tu presencia y ser Santificado, le afirme a Dios, y comprendí con una mirada de amor y ternura de parte del Padre, que si, pues ante todo él busca es un corazón arrepentido en cada uno de nosotros para que nos acerquemos todos los días a cenar con él y hablar cara a cara.

Otra manera de entender la Santidad es el proceso que podemos hacer con una tostada, este trozo de pan en sí mismo es insípido aunque te lo puedes comer perfectamente, pero al agregarle un poco de mantequilla o un buen chorro de aceite de oliva, tienes uno de los mayores placeres en la vida (puedes cambiar la parábola por una arepa o una tortita), pues lo mismo pasa contigo, sin la Santidad de vivir junto al Santo, tú vida es sin sabor, desabrida y puede ser que no seas aceptado por el Padre, recordemos que Dios nos ve porque nos revestimos de Jesucristo y somos recibidos de esta manera.

Recuerdo en cierta ocasión que mí amigo y Pastor Deliz Nieto, predicando acerca de la Unción tomo un frasco de aceite de bebés y se lo volcó todo desde la coronilla y como se regaba este liquido por todo su vestido casi hasta llegar a la punta de los pies, tal como dice el verso:

“Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras;”
Salmos 133:2 RVR1960
  
Terminó la reunión orando por aquellos que nos acercamos al altar y nos unto, aún a los que no se subieron tuvieron que ver con este aceite, algo parecido sucede cuando estas caminando con Jesucristo, al estar junto al Santo, todo en ti es Santificado como consecuencia de esa relación personal e intima con el autor y consumador de la fe, pues por él y para él fue todo creado, para mí Amado Jesucristo. 

Ahora bien, esa Santidad en ti, trae consigo:

1- Arrepentimiento diario delante la presencia de Dios.
2- Hambre y Sed de  Dios.
3- Por lo tanto cambios significativos en tu forma de actuar y vivir pues el Santo transformará todo tu ser de manera integral, es decir, “Alma, espíritu y cuerpo”

Te recomiendo leer el estudio “A pesar de mi” https://www.agopla.com/2019/02/.    Donde procuro demostrar que Dios está interesado es en mi bienestar, porque reconoce mí condición de pecador y cuánto me cuesta diariamente luchar en contra de las asechanzas del adversario, pero fiel es él y nos espera, una y otra vez en la mesa para compartir con nosotros.

Debemos de vivir un estilo de vida de Santidad, tomados directamente de la mano de Jesucristo, pues él es Santo y esto produce Santidad en nosotros.

En este estudio  intentaré  demostrar que la Santidad es la consecuencia de vivir diariamente con el Santo, por lo tanto todo nuestro sistema de vida cambiará,  sí te gusto este escrito y quieres leerlo completo, entra en la web y lee otros estudios allí publicados, compártelo y suscríbete:


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Dios te bendiga y traiga revelación a tu vida de la Mentalidad de Cristo que ya está en ti.

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