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12 de junio de 2019

EL SACERDOCIO, NOS LIBERA

EL SACERDOCIO, NOS LIBERA




Nos perdemos de muchas cosas por no conocer la Verdad.


Lo mejor que he podido hacer en mí vida, es reconocer que soy nada y por más que brille solo soy dorado y  no  oro; por eso lo más inteligente y eficaz ha sido entregar mi vida a Dios.

Cada acto que logré hacer, estuve llamando la atención, procurando destacar aunque fuera por el mal camino, pues tengo que reconocer el vacío que tenía, la necesidad profunda del abrazo del Padre, por sentir su amor y poder estar en medio de su presencia para ser sano de todas las heridas en mí.

La capacidad de ser sacerdote fue dada a cada ser humano, teniendo en cuenta que fue dada  a las mujeres y desde luego a los hombres, esto no es exclusivo de un país o nación (me refiero para aquellos que aún consideran que los israelitas y la tribu de Aarón tienen este derecho exclusivo). Cristo nos entregó el sacerdocio y nos enseñó    a como por medio de él, se puede vivir el cielo en la tierra, para sanar nuestra vida, como para ser de ejemplo a los demás y que estos también puedan llegar a sus píes.

Es por eso que puedo decir totalmente convencido que la tierra prometida, la cual se puede leer metafóricamente en el Antiguo Testamento es para nosotros, si entendemos la manera de llegar a allí, haciendo hincapié que este no es un destino exclusivo de los hombres, sino también de las mujeres, pero comprendiendo a su vez, ellas lo anhelan tanto que sí el hombre no avanza y progresa, ellas tomarán las riendas y lo harán muy bien.

Cuando yo asumo mi rol sacerdotal en la familia, todos en casa están descansados y liberados de las tensiones espirituales o del  alma diariamente, pues permito que sea Dios quien ministre incluso nuestros sueños al reclamar las promesas dadas para nosotros por medio de su palabra:

“Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás; Con cánticos de liberación me rodearás”.
Salmo 32:7 NBL

Pero además contamos con esta hermosa palabra:

“Tú me has dado también el escudo de Tu salvación; Tu diestra me sostiene, Y Tu benevolencia me engrandece. Ensanchas mis pasos debajo de mí, Y mis pies no han resbalado”.
Salmo 18:35-36 NBL
  
Y para rematar la faena, también en los Salmos está:

“Pero yo cantaré de Tu poder; Sí, gozoso cantaré por la mañana Tu misericordia; Porque Tú has sido mi baluarte Y refugio en el día de mi angustia. Oh fortaleza mía, a Ti cantaré alabanzas; Porque mi baluarte es Dios, el Dios que me muestra misericordia”.
Salmo 59:16-17 NBL

Y es que existe una gran diferencia entre leer la Biblia y vivirla. Es tan grande el abismo entre leer la palabra de  Dios, analizarla y asumirla que nos quedamos cortos al intentarlo, porque una cosa es creer en Dios y otra muy diferente es creerle a Dios todo lo que el nos dejó por escrito.  

Por eso solo la Mente de Cristo activada en nosotros, nos revela grandes cosas y ocultas dentro de la misma escritura, que Dios desea que aprendamos y manifestemos, en beneficio propio y así ser luz a los demás que no están gozando del privilegio de ser Hijos de  Dios.

Cuando estamos hablando del carácter del sacerdote tenemos que tener en cuenta lo duro, decisivo y valeroso que se tiene que ser para tomar cada una de las promesas y guardarlas en nuestro corazón y así llevar el Reino de justicia de  Dios a nuestras vidas y a la sociedad. Al hablar del carácter sacerdotal vamos a tener presente que se requiere hombría, honradez, veracidad, humildad, valor, gracia, para que actúen correctamente en nosotros y provocar ese cambio personal y colectivo que se está pidiendo a gritos.

“Cuando Moisés los envió a reconocer la tierra de Canaán, les dijo: «Suban allá, al Neguev; después suban a la región montañosa. Vean cómo es la tierra, y si la gente que habita en ella es fuerte o débil, si son pocos o muchos; y cómo es la tierra en que viven, si es buena o mala; y cómo son las ciudades en que habitan, si son como campamentos abiertos o con fortificaciones; y cómo es el terreno, si fértil o estéril. ¿Hay allí árboles o no? Procuren obtener algo del fruto de la tierra». Aquel tiempo era el tiempo de las primeras uvas maduras. Y volvieron de reconocer la tierra después de cuarenta días, y fueron y se presentaron a Moisés, a Aarón, y a toda la congregación de los israelitas en el desierto de Parán, en Cades; y les dieron un informe a ellos y a toda la congregación, y les enseñaron el fruto de la tierra. Y le contaron a Moisés, y le dijeron: «Fuimos a la tierra adonde nos enviaste; ciertamente mana leche y miel, y este es el fruto de ella. Solo que es fuerte el pueblo que habita en la tierra, y las ciudades, fortificadas y muy grandes; y además vimos allí a los descendientes de Anac. Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: «Debemos ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la conquistaremos». Pero los hombres que habían subido con él dijeron: «No podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros». Y dieron un mal informe a los israelitas de la tierra que habían reconocido, diciendo: «La tierra por la que hemos ido para reconocerla es una tierra que devora a sus habitantes, y toda la gente que vimos en ella son hombres de gran estatura. Vimos allí también a los gigantes (los hijos de Anac son parte de la raza de los gigantes); y a nosotros nos pareció que éramos como langostas; y así parecíamos ante sus ojos»”.
Números 13:17-20, 25-28, 30-33 NBL

Por varias razones, el pueblo de Israel perdió el sacerdocio y la bendición de ser luz y guía para las naciones, pero hoy deseo aclarar que una de ellas fue la imposibilidad de creerle a Dios todas sus promesas y le creyeron los comentarios a unos cobardes insensibles que fueron enviados como espías, pero dentro de sus corazones ennegrecidos no habían conocido la verdad de  Dios, por no ser cercanos a él y desear entrañar todo lo anteriormente ocurrido en el desierto y la liberación de Egipto.

Es decir, ellos igual que nosotros, no tuvieron  fe y nos gusta vivir en la esclavitud y pereza, tanto física como espiritual. Dios en su momento escuchó el clamor del pueblo  de Israel al estar esclavo en Egipto, pudo ver que eran seres inferiores, indignos e inseguros, siendo esto fuera de los planes del diseño general de  Dios, pero este mismo sentir es el  que manifestaron al tener que entrar a la tierra prometida, inferiores, indignos e inseguros, por eso no accederían a la tierra ya dada o otorgada  por Dios.

Tenemos que morir a nuestra vieja imagen de nosotros, del mundo y del adversario,  renovando  todos estos pensamientos por la Mente de Cristo que ya está en nosotros. Siendo hombres y mujeres sacerdotales, conforme al modelo que nos dio Cristo.

¿Qué estás esperando para renovar tu mente?
¿Qué es lo que te impide entrar en la tierra prometida?
¿Quién gobierna tus pensamientos?

En esta enseñanza hablaré de la hombría como un estado sacerdotal en desuso que tenemos que recuperar tanto los hombres como las mujeres, tomando los ejemplos bíblicos. Sí te gusto este escrito y quieres leerlo completo, entra en la web y lee otros estudios allí publicados, compártelo y suscríbete:


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Dios te bendiga y traiga revelación a tú vida de la Mente de Cristo que ya está en ti.





   

9 de junio de 2019

SABER ESCUCHAR, UN SECRETO SACERDOTAL








SABER ESCUCHAR, UN SECRETO SACERDOTAL


Dos orejas  y una boca, no son casualidad.





El secreto de los grandes terapeutas simplemente es saber escuchar. Quizás era Marzo del 2006 después de haber pasado por un infarto al Miocardio que me mantuvo varias semanas hospitalizado, una de ellas en la UCI; al salir de la hospitalización vino la etapa de aceptación, cambios y medicación, pero yo tenía que enfrentarme con 29 años de edad, una familia de 4 miembros que dependían de mí,  yo estaba como un anciano, sin poder hacer nada de esfuerzos y consumiendo 12 pastillas aproximadamente, hecho que hacia 3 veces al día. Evidentemente la que más duro me costó de tomar fue la prescripción para la hipertensión, pues causó en mí una depresión terrible, tal que el médico me mando a la consulta de un Siquiatra. Imagina por un momento que estoy confrontado por mi creencia en Dios, con un infarto y una miocarditis  por un inadecuado diagnóstico, viendo como tambalea la seguridad familiar en casa, con el estado de salud de un abuelito y tomando pastillas tal como este viejo que acabo de comentar, sentado en la camilla de un desconocido para intentar hablar con él, para tranquilizarme y diagnosticar alguna enfermedad mental derivada… Por favor, en vez de mejorar causó mucha más angustia en mí, pero de aquellos 45 minutos tengo para recordar exactamente las palabras de esta persona: “Hola, pase y siéntese cómodamente y cuénteme” ¡Ahhh!, los primeros minutos fueron totalmente incómodos, pero después estuve divagando sin llegar a ninguna solución, pero esta persona estuvo allí para simplemente escucharme hablar.

El ser humano tiene la necesidad de hablar y de escuchar,  definitivamente quién más lo hace siempre será la mujer. Pero saber y aprender escuchar es todo un ministerio. 

Jesucristo  dijo:

“El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».  A los que escuchan mis enseñanzas se les dará más comprensión, y tendrán conocimiento en abundancia; pero a los que no escuchan se les quitará aun lo poco que entiendan. Por eso uso estas parábolas: Pues ellos miran, pero en realidad no ven. Oyen, pero en realidad no escuchan ni entienden. De esa forma, se cumple la profecía de Isaías que dice: “Cuando ustedes oigan lo que digo, no entenderán. Cuando vean lo que hago, no comprenderán. Pues el corazón de este pueblo está endurecido, y sus oídos no pueden oír, y han cerrado los ojos, así que sus ojos no pueden ver, y sus oídos no pueden oír, y su corazón no puede entender, y no pueden volver a mí para que yo los sane”
Mateo 13:9, 12-15 NTV

Por eso el buen sacerdote aprende y sabe escuchar. Los hombres y las mujeres  debemos de escuchar con atención y de esta manera poder dar solución y ayuda a todos los hechos acontecidos en el entorno familiar, en el ámbito del ministerio y sobre todo poder escuchar a la sociedad y así hacer nuestra la parte que nos corresponde como hijos de  Dios que estamos aquí para anunciar las virtudes de aquel quién nos llamó a Su Luz admirable.

Como hombres debemos de aprender a entender la manera de hablar de nuestras esposas, tal como Cristo sabe escuchar a la Iglesia. Esto es tan primordial que cuando he tenido que ministrar parejas a punto de separación, al cuestionarlo, él responde inmediatamente: “Todo esta bien”, pero al preguntarle a ella, escucho respuestas como “Él nunca me escucha, él nunca me atiende, él no sabe realmente cuales son mis necesidades”. Pero siendo sincero, el ser consejero ya sea matrimonial o personal, básicamente es saber escuchar, tanto las conversaciones directas y lo que nos están hablando entre líneas, tal como Dios lo hace con nosotros al afirmar:

“Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. Porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios.”
1 Corintios 2:10-11 NBL

Por eso aquel buen sacerdote sabe escuchar el tiempo necesario para poder entender la necesidad y poderla cubrir, tal como Dios hace con cada uno de nosotros.

Tal como he dicho en otro momento, las mujeres y los hombres somos sacerdotes, pero ambos tenemos roles protagónicos muy diferentes dentro de este sacerdocio, para hacerlos una pequeña idea acerca de la necesidad hablar y escuchar, daré este ejemplo que me abrió el entendimiento y me ayudó a comprender a Ani: “Encima de la mesa tenemos una revista, cuando yo la tomo leo los titulares y solo estudiaré aquellos que me interesen, sin embargo esta misma la tomará ella, leerá todos los titulares, todos los estudiará, hasta analizará los anuncios publicitarios dados dentro de esta”.

Por favor, recordemos las conversaciones internas que solemos tener y las respuestas simples que solemos darles a nuestras parejas, pero ellas nos tienen que contar todo, con pelos y detalles, desde la arruga hasta la última cana que ha podido ver en este día, pero así somos, tanto los hombres como las mujeres y definitivamente al comprender nuestra naturaleza podremos hacer más por el otro y así vivir el Paraíso que Dios desea para nosotros cumpliendo cada cual su rol sacerdotal correspondiente.

El problema pasa por entender que como hombre omitimos el detalle y por naturaleza las mujeres son detallistas, por eso este es un pecado sacerdotal y matrimonial, por eso lo hacemos mal, porque no hacemos las cosas bien. La frustración de la mujer al desear la separación esta causada por lo que ellos no hacen. En este caso es escucharlas con detalle para poder satisfacer todos, todos sus deseos (la réplica fue provocada) y necesidades. Considera ¿Por qué esta muerta tu relación matrimonial o sacerdotal? ¿Por qué has fracasado como pastor o consejero? ¿Estás dispuesto a escuchar de la misma manera que tú deseas ser atendido?

Cuando tú decides cambiar la transformación es algo totalmente sorprendente. Recuerda que como líder, sacerdote, ministro y consejero en la familia, sociedad e iglesia tenemos que tener el  correspondiente hacía los demás donde lugar que se merecen, pues este es el diseño original de Dios.

¿Estás atendiendo adecuadamente a tu pareja?
¿Estás caminado por las sendas que te llevarán al éxito sacerdotal?
¿Estás poniendo a Dios por delante para superar tus dificultades y solucionar las necesidades de tu pareja?

En esta enseñanza hablaré de la hombría como un estado sacerdotal en desuso que tenemos que recuperar tanto los hombres como las mujeres escuchando de tal manera que Dios lo hace. Sí te gusto este escrito y quieres leerlo completo, entra en la web y lee otros estudios allí publicados, compártelo y suscríbete:


SABER ESCUCHAR,  UN SECRETO  SACERDOTAL 





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Dios te bendiga y traiga revelación a tú vida de la Mente de Cristo que ya está en ti.