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24 de marzo de 2019

HE AQUÍ LA TERNURA DE JESÚS






Como suelo hacer eventualmente, me gusta compartir devocionales del ministerio de David Wilkerson, pues el trato amoroso y cuidadoso que hace sobre algunos temas son dignos de compartir directamente tal como él los enseño, por eso para no cortar la esencia de su enseñanza lo reproduzco tal como a mí llego:




HE AQUÍ LA TERNURA DE JESÚS






Una vez realicé un servicio funerario de un joven de nuestra iglesia que murió de cáncer. Cuando llegué al servicio, su madre me dijo que ella era la única miembro con vida de una familia de cinco. Su esposo había muerto hace 3 años, y sus otros dos hijos también habían muerto. Este era su cuarto funeral y el tercer hijo que había tenido que enterrar.

Yo había preparado un mensaje para ese servicio, pero cuando vi que la madre se sentó frente a mí, llena de dolor y tristeza, no pude predicarlo. En lugar de ello, comencé a orar que el tierno Amor de Jesús estuviera sobre ella. Más tarde, hablé por unos quince minutos y el Espíritu de Dios fluyó a través de mí con una tierna calma y paz hacia aquella madre y sus amigos. Tuve una sensación muy real de lo que Jesús vio en ella, el dolor aplastante de tener que enterrar a sus cuatro amados y quedarse sola. Yo sabía en mi corazón que Cristo esperaba que ella supiera que en esa hora El quería ser Su tierno y cuidadoso Salvador. 

Cuando llegué a casa después del funeral, el Espíritu Santo me llevó a Isaías 42. El profeta Isaías había sido movido por el Espíritu Santo para dar luz sobre una revelación de cómo sería el Mesías que vendría. La palabra con que inicia es "He aquí", que significa "Prepárate para una revelación", nos dice que debemos prepararnos para una nueva imagen del Mesías por venir.

Encontramos el cumplimiento de la profecía de Isaías en Mateo 12. Jesús se enteró que los fariseos habían tenido una reunión para planear cómo matarlo. ¿Cómo reaccionó Jesús? "Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí..." (Mateo 12:15). Jesús habría podido llamar a una legión de ángeles para protegerlo o hacer caer fuego del cielo para consumir a sus enemigos. En cambio, Jesús simplemente se alejó de ellos y continuó su ministerio con los necesitados.

Mateo dice que esto dio cumplimiento a la profecía de Isaías: "No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz" (Mateo 12:19).

Lo que está diciendo la profecía de Isaías es, en esencia: "El Mesías no vendrá a forzar a nadie a entrar a Su reino. Él no viene con una personalidad carismática y grandilocuente. No llegarán a conocerlo por cosas externas o por razonamiento humano. En vez de esto, escucharán Su llamado como una voz suave y apacible en su interior"

Me avergüenzo cuando veo a predicadores de TV en los escenarios con cámaras que siguen todos sus movimientos desde todos los ángulos. Mi reacción a todo eso es: "¿Por qué no van por las calles tranquilamente como lo hizo Jesús?, ¿Por qué no sanan a los enfermos y después de sanarlos les dicen "no le cuentes a nadie, sino da toda la Gloria a Dios?" Considera conmigo la ternura de Jesús en dos aspectos distintos.

He aquí la ternura de Jesús hacia los pecadores.

¿Qué pasa con los pecadores que vienen a entregar sus vidas a Dios? ¿Qué pasa con el asesino en serie? ¿Ellos han llegado al colmo de la maldad? Piensa en David Berkowitz, conocido como el famoso hijo de Sam, uno de los más grandes asesinos en la historia de Estados Unidos. Este hombre ahora proclama que ha sido salvo mientras estaba en prisión, que Jesús es el Señor y se ha convertido en maestro de estudios bíblicos en la prisión. ¿Qué haremos con esto? Simplemente: Dios ha dicho que sus misericordias no fallan, que son eternas.

Tenemos que hacernos una imagen de lo que Isaías retrata sobre el Salvador. Él está diciendo: "He predicado el juicio, diciéndoles lo que le ocurrirá a Israel. Pero hay algo más que deben saber sobre el Mesías. Él vendrá como un tierno libertador. Él vendrá a liberar a todo aquel que esté atrapado por la depresión o la desesperación. Nadie será demasiado ciego que El no pueda hacerlo ver, o demasiado sordo para que El no le pueda hacer escuchar, o demasiado endurecido para que El no lo pueda sanar. Y ninguna prisión tendrá dominio sobre quienes hayan sido libertados por El. Él puede liberar a cualquier pecador de cualquier esclavitud.

Tenemos que llegar a conocer a este Salvador, que sana al que está quebrantado y aviva a la llamita que está a punto de apagarse. Pienso en Madeline Murray O´Hare como la atea más notoria de nuestros tiempos. Ella tuvo dos hijos, uno de ellos siguió llevando la bandera del ateísmo después de su muerte. Pero incluso esta mujer no pudo echar fuera de su hogar al Espíritu Santo. Jesús vio una llamita en su otro hijo, un hombre que estaba quebrantado y dolido porque la doctrina que su madre había abrazado no calmaba su dolor ni satisfacía sus necesidades más profundas. Ese hijo entregó su vida a Jesús y está predicando el evangelio hoy en día.

Puede haber casos difíciles en tu familia, en tu trabajo o tu vecindario. Al ver sus vidas piensas: "Sí, Jesús tiene poder, pero no puedo imaginar que esa persona sea alcanzada algún día. Puedo creerlo de cualquier otra persona pero no de él".

Tengo noticias para ti: esa persona es probablemente en la que Jesús ha puesto el ojo ahora mismo. Tú no sabes lo que hay dentro de esa persona, el dolor que lleva, la desesperación que soporta. Se tuerce y se resquebraja, está a punto de romperse. Pero puede haber una pequeña llamita en él que es invisible para el ojo humano. No renuncies a él. Jesús no lo hará. Él no va a apagar ninguna pequeña llamita. 

He aquí la ternura de Jesús hacia ti.

Muchas veces, cuando miro nuestra congregación, mi corazón duele al ver todas cargas que la gente lleva. Al mirar todas las caras conocidas, pienso: "¿Cuántos de ellos son las cañas cascadas de que Isaías hablaba?"

Tristemente, en algunos veo siempre una fe a punto de extinguirse. Alguna vez en ellos brilló la llama de la devoción por Jesús pero ahora es solo una chispa. Y me pregunto: "Este fue lastimado por un falso predicador? ¿por la hipocresía de otros cristianos? ¿fue herido por alguien cuando era más joven? ¿hizo algo en el pasado que lo hirió o lo amargó, para que esté siempre en guardia siempre, para que su corazón no pueda ser penetrado?"

Conozco a un médico que se rehúsa a entrar en una iglesia. Él está amargado y endurecido hacia Jesús por una experiencia que vivió cuando niño. Su padre era un predicador que trasladó a su familia como veinte veces, arrancando a sus hijos de su entorno vez tras vez. A ojos de ese niño, su padre no vivía lo que predicaba. Y ahora el hijo, un médico, sigue lastimado después de cuarenta años.

Escucha las promesas de Jesús: "No romperé contigo. Y no renunciaré a ti." Él viene a nosotros en silencio y con amor dice: "Déjame sanar esa profunda herida. Déjame derribar esas grandes murallas y restaurarte."

Conozco a un cristiano que es como una caña cascada. Él debió enfrentar un triste divorcio, problemas financieros y demandas de la agencia tributaria nacional por impuestos atrasados. Él sufre de depresión, enfrentando periodos muy buenos y momentos insoportablemente malos. A veces ha pensado que la vida no vale la pena. Él me ha dicho que a veces está tan deprimido que no puede pensar con claridad.

Cuando pienso en este hermano, agradezco a Dios por tener un Salvador tan tierno. Jesús ve a un hombre como este, como una caña cascada, con solo una pequeña chispa de fe. Y nuestro Señor no renunciará a él.

Considera estas palabras de Isaías sobre el Mesías: "No se cansará ni desmayará..." (Isaías 42:4). La New American Standard Versión traduce esta frase como: "Él no se desanimará o abatirá" La frase en la traducción NVI dice: "no vacilará ni se desanimará" y el original hebreo señala: "Él no retrocederá ni se abatirá hasta que haya establecido justicia en la tierra"

Amado, Jesús no desistirá de ti. Él no se detendrá hasta que haya hecho todo lo posible para que tú estés de pie y con tu llama ardiendo. Quizá le has fallado terriblemente al Señor. ¿Estás descorazonado o desanimado porque te preguntas hasta cuándo te tendrá paciencia, hasta cuándo soportará tus tropiezos? Isaías dice que El no se desanimará. Jesús no se dará por vencido contigo; El no te soltará. Él está decidido a caminar contigo todo el camino.

Puedes preguntarte "Pero, ¿no llegará un momento en que Jesús finalmente diga: es todo, se acabó?, que pasa con todas las escrituras que muestran cómo naciones, pueblos e individuos fueron cortados cuando Israel fue finalmente juzgado? Saúl fue cortado. Incluso, en el Nuevo Testamento, Ananías y Safira cayeron muertos después de ser juzgados. Naciones e imperios han sido destruidos a través de la historia"

La respuesta a esto también está en Isaías 42: "¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso" (Isaías 42:24-25).

El propósito del juicio de Dios siempre es traer a su pueblo de vuelta a El. Israel llego a permanecer tanto en su desobediencia, a endurecerse tanto a su palabra, que la ira divina se derramó sobre ellos. Sin embargo ellos estaban tan lejos, tan hundidos en el pecado que ni siquiera reconocieron el juicio cuando llegó. Ellos ya estaban demasiado muertos como para sentir el calor del juicio.

Eso pasa cuando nada funciona. Cuando nosotros mismos soplamos para apagar la llama, cuando renunciamos en desesperación y nos hundimos; cuando expulsamos deliberadamente al Espíritu Santo, cerrando nuestros ojos y oídos y endurecemos nuestros corazones como rocas - nosotros somos quienes están rechazando. La ternura de nuestro Salvador siempre está disponible. Él tiende su mano amorosa y pacientemente a toda caña cascada, para levantarnos con nueva vida y una nueva esperanza.

Isaías nos deja esta preciosa promesa de nuestro tierno Señor: "Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé" (42:16).








David Wilkerson


Deseo que sea de bendición para tu vida está palabra de tal manera como lo fue para mí.



HE AQUÍ LA TERNURA DE JESÚS



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Dios te bendiga y traiga revelación a tu vida de la Mentalidad de Cristo que ya está en ti.

16 de febrero de 2019

UNA SORPRENDENTE PROFECÍA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS.




Presta mucha atención a este devocional de David Wilkerson, Dios te revelará grandes verdades para que cimientes tú FE en Él, para que nunca dudes que Él es EL SHADDAI.




UNA SORPRENDENTE PROFECÍA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS








En el Antiguo Testamento, Habacuc nos da una sorprendente profecía acerca de los tiempos finales. El nombre de este profeta significa “abrazado por Dios.” La Escritura nos indica que Habacuc fue un hombre que luchó junto al Señor fielmente en oración. Y su profecía llegó durante un tiempo de horrible inmoralidad.

Judá y Jerusalén se habían descarriado y el pueblo de Dios desvergonzadamente desobedecía sus leyes. La sociedad entera se había entregado al amor propio y al materialismo. Fue una generación en la cual el incremento de la sensualidad provocó que se le comparara con Sodoma. La religión se había convertido en nada más que un ritual, algo que debía ser seguido, sin ningún poder espiritual. Así que el Señor le habló a este profeta que oraba, revelándole el terrible juicio que caería sobre su pueblo descarriado.

¿Cuál fue este juicio? Dios dijo que levantaría a los Caldeos que eran enemigos del pueblo de Israel como su vara de corrección y castigo. “Porque he aquí, yo levanto a los Caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas” (Habacuc 1:6).

Un ejército malvado y violento había descendido a la tierra, enviado por Dios. Cuando El Señor le reveló esta palabra terrible a Habacuc, el profeta exclamó: “Oí, y se conmovieron mis entrañas; A la voz temblaron mis labios; Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas” (3:16). Fue un horror inimaginable que el cuerpo de Habacuc se estremeció cuando él escuchó de parte de Dios lo que iba a suceder.

¿Cómo fue recibido el mensaje de Habacuc por las personas de su tiempo?

Nadie creyó la profecía que este hombre de oración trajo al pueblo. Simplemente era demasiado horrible para creer. ¿Cuál fue la respuesta de Habacuc ante el rechazo que sufrió? Él estaba conmovido hasta lo más profundo de su alma. Él se quejó con Dios y le dijo, “¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” (1:2).

Habacuc estaba diciendo, en pocas palabras: ¿Cómo puede pasar esto, oh Dios? He intercedido incansablemente, rogándote que traigas un avivamiento a tu pueblo. He orado con esa fe y esperanza, pero el avivamiento nunca llegó. ¿Por qué has ignorado mis oraciones?”

De repente, Satanás comenzó a inundar la mente del profeta con dudas y cuestionamientos. De un pronto a otro, Habacuc se sintió atormentado por el aparente silencio de Dios. El profeta clamó aún más desesperadamente, “Señor, cómo puedes mantenerte en silencio ante todos los clamores de mi corazón?”

Aquí tenemos a un hombre de Dios, que oraba sin cesar, cuya fe se vio probada bajo un severo ataque. Sus frustraciones crecieron a tal punto que él empezó a hacer acusaciones contra Dios: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él?” (1:13). En otras palabras, “Dios, te has sentado silenciosamente mientras los malvados abusan y oprimen a tu pueblo. ¿Por qué no actúas?”

Para Habacuc, parecía que Dios estaba sentado pasivamente, sin hacer nada al respecto. Le parecía que mientras los malvados se hacían más fuertes, el pueblo de Dios se hacía más débil. Y los malos continuaban sin recibir juicio alguno.

Hoy, el pueblo de Dios tiene las mismas quejas que Habacuc.

Alrededor de toda la tierra, puedes escuchar este clamor de parte del pueblo de Dios: “Señor, ¿por qué te mantienes en silencio mientras tu nombre es sacado de nuestras escuelas, nuestras cortes, nuestra sociedad? ¿Por qué le permites a los pecadores pervertir tu ley y presumir de su malvado comportamiento? ¿Cómo es que le permites a los que publican pornografía inundar los principales medios de comunicación con tal inmundicia demoníaca? ¿Por qué le permites a los teólogos modernos y los líderes eclesiásticos burlarse de tu propia divinidad? ¿Por qué parece que toleras tanto sufrimiento en el mundo?”

La verdad es que, el infierno ha desatado un violento ejército de principados y poderes demoníacos, todo en un esfuerzo para destruir la fe de los elegidos de Dios. De hecho, de lo que estamos siendo testigos hoy en día es de una guerra sin cuartel en contra de la fe que clama que Jesús es Dios hecho carne.

¿Cuál fue la reacción de Habacuc ante el acecho de los Caldeos en su día? El profeta se encerró a solas con Dios en oración, determinado a escuchar una palabra del Señor. Él se comprometió a no dejar el lugar secreto de oración hasta que el Señor respondiera a su clamor.

A pesar de todo esto Habacuc no trató de cambiar la mentalidad de Dios acerca del terrible castigo que iba a ser enviado a la sociedad. En lugar de ello, este hombre de Dios lo único que quería era respuestas a las dudas que tenía en su espíritu: “¿Por qué te mantienes en silencio ante todas mis oraciones, Señor? ¿Por qué no contestas a mi clamor?” Habacuc declaró, “Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja” (2:1).

Escucho a muchos predicadores hoy en día tratando de explicar por qué las oraciones de aquellos que enfrentan grandes sufrimientos no han sido contestadas. Estos ministros predican sermones que tratan de justificar las muchas aflicciones que el pueblo de Dios enfrenta. La verdad es que nadie puede llegar a entender completamente por qué muchas de las personas del pueblo de Dios enfrentan terrible dolor por meses, e incluso por años. Conozco personas justas que tienen a multitudes orando por su sanidad, y aun así parece que aquellas docenas de oraciones no son contestadas.

¿Qué es lo que le has estado pidiendo a Dios? ¿Qué sane tu matrimonio? ¿Que enderece a tu hijo o hija que se han desviado? ¿Qué te ayude en tus finanzas? ¿Hay alguna promesa que tú has recibido del Señor, y aun así no ves ninguna evidencia de que vaya a suceder a tu favor? ¿Parece que Dios permanece en silencio por tu petición? Quizás no hayas recibido respuestas a tus oraciones. Así que tú clamas como lo hizo Habacuc, “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” (1:2).

Finalmente Habacuc se cansó de sus dudas y temores.

Este profeta de Dios que siempre oraba eventualmente clamó con toda la desesperación, “¡Necesito una palabra del Señor!” Aquí fue donde se encerró a solas en oración con Dios, determinado a escuchar algo de parte de Dios. Habacuc dijo, en efecto, “Me he dispuesto a ver y esperar hasta que el Señor me hable a mí. Déjenlo que me repruebe, que me corrija. Todo lo que yo sé es que necesito una respuesta a todas mis dudas. Yo necesito tener una palabra para darle a la iglesia, así como una palabra para que mi corazón tenga paz.”

Dios nunca le explicó a este profeta porqué los malvados parecen ganar poder y fuerza sobre los justos. Dios nunca le respondió a Habacuc por qué él parecía permanecer en silencio antes sus clamores. Esto debió haber desconcertado a este profeta fiel. Habacuc ciertamente esperaba que Dios le diera explicaciones. Él seguramente debe haber pensado que el Señor, en su misericordia, le revelaría porqué él permanecía en silencio y porqué sus promesas parecían fallar. Tal vez Dios podría señalarle el calendario de los futuros eventos que sucederían en Judá y en Jerusalén. Pero ninguna de estas explicaciones fue dada.

Amado, a veces parecerá como si Dios ignorara tus peticiones. No importa cuán a menudo tú ayunes u ores, el ser amado al que tú amas continúa viviendo en pecado. O, tu matrimonio parece estar peor, tu miseria te arrastra día con día. O, tal vez sufres de interminable dolor físico. En lugar de obtener un dulce alivio por medio de la oración, tus problemas parecen subir cada vez más alto. Entonces, te preguntas, “¿Por qué Dios? Por favor, sólo explícame por qué no has contestado a mis oraciones.”

Todos necesitamos una palabra certera de parte del Señor. Y Satanás nos ha ganado si es que él logra convencernos de que nuestro Señor no escucha o no responde nuestras oraciones. De hecho, esta es la razón por la cual muchos creyentes que alguna vez fueron celosos no oran más en serio. Secretamente ellos piensan, “La oración no me sirve a mí. En realidad Dios no escucha lo que yo digo.”

Pero Habacuc estaba determinado a esperar en la presencia del Señor, buscando a Dios en oración. Y fue allí donde el Señor le habló, diciéndole en esencia: “Habacuc, te voy a dar una palabra que responderá todas tus preguntas. Esta palabra le pondrá fin a todas tus dudas. Y no es solamente para ti, sino también para mi pueblo — de hecho, para todo el mundo, hasta el final de los tiempos. Quiero que escribas lo que te voy a decir ahora, para que cuando todo el mundo lo escuche pueda correr.”

Amado, ¿Estás corriendo la carrera? Dios tiene una palabra para ti que te capacitará para hacerlo. Esta palabra la podemos encontrar en Habacuc 2:4: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (mis cursivas).

¿Entiendes lo que Dios está diciendo aquí? Él le estaba diciendo al profeta y a la nación entera de Judá, así como a su pueblo hoy: “Aparta tus ojos de esos Caldeos orgullosos y arrogantes. No te preocupes por los tiempos duros que han de venir. Voy a derribar a todos mis enemigos, en mi tiempo. Te digo, Mi Gloria cubrirá toda la tierra. Mientras tanto, el justo vivirá por fe.”

El Señor estaba diciendo, en otras palabras: “Habacuc, Esta es la única palabra que tú vas a necesitar, para que pases en medio de todos los tiempos duros que vendrán. Confía en el Señor. Vive por fe.”

Cuando Satanás inyecte pensamientos de maldad y de incredulidad en tu mente, tú no los temas. El enemigo quiere que tú creas que eres tan malo como los pensamientos que él planta en tu mente. Pero tu respuesta a cada acusación debe ser, “Estos no son mis pensamientos. Han sido plantados por el maligno.”

En estos momentos tú tienes que decirle a los poderes del infierno, sin ninguna duda: “Oye diablo, confío en que mi Dios me liberará. Y rechazo todos esos pensamientos que vienen de ti. No puedes tomar el control de mi mente. El Espíritu Santo vive en mí. Jesús está conmigo, y él me ha hecho puro a sus ojos.”

A veces Satanás tratará de atormentarte con condenación. El traerá cada pecado y cada falla de tu pasado. Pero ese es precisamente el momento en que tú tienes que confiar en el Señor. Confía en que su palabra es verdad, y abrázate a tu fe. La fe es la única arca que te va a mantener a flote durante tu inundación.

Todos nosotros hemos escuchado esta palabra a través de toda nuestra vida Cristiana: “¡Cree! Confía en Dios en todas las cosas.” Lo leemos desde Génesis hasta Apocalipsis. Es predicado por Moisés, Daniel, Job, David, los profetas, Pablo, Pedro, Juan, y por supuesto más notablemente por Jesús. De hecho, la palabra que Dios le dio a Habacuc ha sido enseñada por siglos por pastores, maestros y evangelistas: “El justo vivirá por fe.”

Yo mismo he predicado docenas de veces esta palabra, pero te puedo asegurar que es más fácil predicarla que practicarla.

Con la palabra del Señor establecida en su corazón, Habacuc envío un mensaje de advertencia – y de fe – al pueblo de Dios:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. El Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (3:17-19).




El escenario que Habacuc describe aquí es el colapso de una economía. El profeta está prediciendo hambrunas, escasez de alimentos, pérdida de ingresos, escasez de todas las cosas. Pero a pesar de todas estas graves condiciones que vendrían, el profeta confiaba. Él estaba convencido de que Dios era todavía Dios a través de cada hambruna y de cada tiempo duro. El Señor es el mismo Dios que abrió el Mar Rojo, que proveyó para su pueblo en el desierto por 40 años, que nunca le ha fallado a su pueblo a través de todos los tiempos.

Yo sé que tengo fe cuando verdaderamente puedo decir, “Mi Dios es el Dios de lo imposible. Y yo, vivo o muerto, soy suyo. Me he abandonado en Sus brazos. Él me va a rescatar, inclusive en la muerte y por toda la eternidad.”

Querido santo, aprende a alabar a Dios en los buenos tiempos y en los tiempos presentes de prueba. Cuando las cosas parecen no tener esperanza, la fe se levanta y fortalece entre las alabanzas del pueblo de Dios. ¡Amén!


David Wilkerson 


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4 de febrero de 2019

MANTENIÉNDOSE PURO EN UNA SOCIEDAD PERVERSA




Desde hace más de un año he tenido la bendición de recibir los devocionales de David Wilkerson esté en particular lo deseo compartir hoy. Lo comparto  tal y  como me lo enviaron pues para mí no tiene nada de desperdicio siendo muy desafiante para nuestras vidas.

Esta es una breve reseña de este hermano tomado de Wikipedia: 

David Wilkerson (19 de Mayo de 1931- 27 de Abril de 2011) fue un pastor cristiano interdenominacional estadounidense, escritor y autor de cerca de 40 libros acerca del cristianismo, de los cuales destacan "La Visión" (The Vision) y la Cruz y el Puñal (The Cross and the Switchblade), que llegó a ser un best-seller. Así mismo, fue fundador y pastor principal de la Iglesia de Times Square, en New York y de las organizaciones cristianas Teen Challenge y Word Challenge





MANTENIÉNDOSE PURO EN UNA SOCIEDAD PERVERSA








David Wilkerson


La Palabra de Dios nos dice que es posible permanecer puro en medio de una sociedad corrompida. Y El Señor le da Su Unción a aquellos siervos que permanecen puros delante de Él. Vemos esto ilustrado en la vida de Daniel, quien vivió en medio de una de las más perversas e inmorales sociedades de toda la historia.

Babilonia era el poder gobernante en los días de Daniel, una ciudad-estado que representaba todo lo impío en el mundo. Los babilónicos eran bastante conocidos por su sensualidad e impurezas, y ellos habían tomado cautivo a Israel en ese tiempo. Mientras estaban en cautividad, Israel cayó en la perversidad de aquella sociedad. Los hombres Israelitas eran seducidos a las casas de prostitución de Baal. Los sodomitas atraían a otros a cometer pecados sexuales. Incluso los sacerdotes que una vez tuvieron temor de Dios se vieron envueltos por la sensualidad, corrompiendo el liderazgo sobre el pueblo de Dios.

A su alrededor, Daniel veía como el pueblo de Dios caía en las fosos de inmundicia y degradación. Pero aún en medio de tal depravación, Daniel determinó estar cerca del Señor. Conforme los días pasaban y la perversidad aumentaba, este hombre crecía aún más en devoción a Su Dios y con un corazón quebrantado por el pecado de Israel. ¿Cómo pudo Daniel mantener un caminar verdaderamente santo en tiempos de tal impiedad? Creo que si podemos descubrir la senda de santidad que Daniel anduvo, encontraremos la llave que nos ayudara a seguir el mismo camino hoy.

Un santo temor llevó a Daniel a postrarse rostro en tierra.

Daniel testificó, “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido” (Daniel 10:10-12).

Proverbios nos da este poderoso verso acerca de este tema: “Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor del Señor los hombres se apartan del mal” (Proverbios 16:6). Fíjate en la primera parte de este verso: la misericordia y la verdad trabajan en conjunto para remover la iniquidad. A pesar de ello en nuestros días, la iglesia le ha puesto un excesivo énfasis a la misericordia que usualmente dejamos de lado el otro elemento que es vital en el proceso de remover la iniquidad de nuestras vidas: la verdad. ¿Qué es esta verdad? Es el hecho de que Dios odia el pecado. Si Su pueblo desea separarse de los pecados habituales, entonces debemos caminar en la verdad acerca de la actitud de Dios hacia el pecado.

En una parte, la misericordia de Dios nos guarda de no caer en desesperación, recordándonos que tenemos un Padre Amoroso que está siempre listo para perdonar nuestros pecados. Al mismo tiempo, la verdad de la Santidad de Dios trabaja para producir en nosotros un temor reverente, santo. Hacer un énfasis inclinándose hacia cualquiera de estos elementos, ya sea hacia la misericordia o hacia la verdad, lleva a un caminar distorsionado con Jesús.

La misericordia sin la verdad lleva al libertinaje y eventualmente a la muerte espiritual. De igual forma, la verdad sin la misericordia lleva a la desesperación y finalmente a la muerte.

El temor de Dios no es solamente un concepto del Antiguo Testamento.

Mientras el Antiguo Testamento nos dice, “Teme al Señor, y apártate del mal” (Proverbios 3:7), el Nuevo Testamento nos habla también de esa clase de temor, “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios7:1).

La Biblia deja muy en claro que hay un temor de Dios que cada creyente debe cultivar. Este verdadero temor incluye reverencia y un respeto, aunque es mucho más que eso. El temor Santo nos da un poder legal para mantener la victoria en tiempos de perversidad. Las profecías de Jeremías referentes al Pacto de Dios prometen: “Y les daré un corazón, y un camino, para que Me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no Me volveré atrás de hacerles bien, y pondré Mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de Mí” (Jeremías 32:39-40).

Aquí encontramos una maravillosa promesa del Pacto de Dios, asegurándonos que Él nos proveerá con Su temor Santo. A pesar de que El Señor no sólo haga caer este temor en nuestros corazones por una manifestación sobrenatural- Él lo siembra en nosotros a través de Su Palabra. Con todo, ello no se da con sólo leer las Escrituras. Obtenemos un temor santo cuando conscientemente decidimos que vamos a obedecer todo lo que leemos en Su Palabra. Leemos de un profeta conocido, “Esdras había preparado su corazón para buscar la ley del Señor, y para ponerla en práctica” (Esdras 7:10, mi énfasis).

Pablo escribe: "Ni tentemos al Señor, como algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes" (1°Corintios 10:9). Este versículo es importante para todos los Cristianos que se enfrentan a la tentación. Pablo se refiere a los Israelitas que fornicaron con las mujeres de Moab.

Un Israelita que tentaba a Dios gravemente en este sentido fue un hombre llamado Zimri. Mientras el remanente en Israel lloraba y se arrepentía del pecado de la nación, Zimri estaba viendo a una prostituta madianita. De hecho, era tan descarado en esto que paseó a la mujer a traves del campamento a la vista de todos, incluyendo a Moisés, mientras la llevaba a fornicar a su tienda. Dios actuó rápido en este asunto. La Escritura dice que un hombre justo llamado Finees siguió a la pareja a la tienda y mató a Zimri y a la madianita.

Tú puedes preguntarte lo que Pablo quiso decir exactamente cuando habla de "tentar a Cristo". En pocas palabras, tentar al Señor significa ponerlo a prueba. Lo tentamos cada vez que preguntamos "Hasta cuándo podré permitirme mi lujuria antes que caiga la ira de Dios? Vivimos en una era de la gracia, sin ninguna condenación para los pecadores. ¿Cómo podría juzgarme a mí, su hijo?"

Multitudes de Cristianos hacen con cierta frecuencia la misma pregunta hoy en día, como si jugaran con una malvada tentación. Pero están tentando a Cristo, cada vez que ellos sacan la convicción de la Palabra de Dios fuera de sus mentes. En cualquier momento que nos encontramos yendo en contra de lo que el Espíritu de Dios ha hecho claro para nosotros, estamos sacando fuera la advertencia de Pablo: "El que piensa estar firme, mire que no caiga... ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron y cayeron en un día veintitrés mil" (1°Corintios 10:12 y 8).

Pregúntate a ti mismo: "¿Estoy poniendo a prueba los límites del precioso don de la Gracia de Dios? ¿Estás tentando a Cristo para darte el gusto de tu pecado, de cara a una abierta rebelión? ¿Te has convencido a ti mismo: "soy un creyente del Nuevo Pacto, cubierto por la sangre de Jesús. Por tanto, Dios no va a juzgarme"?"

¡Cuidado! Al continuar en tu pecado, estás crucificando a Cristo de nuevo, como advierte el libro de Hebreos (ver Hebreos 6:6). ¿Cómo? Cuando tratas el enorme sacrificio de Jesús con total indiferencia, estás exponiéndolo deliberadamente a vituperio público, no solo ante los ojos del mundo, sino ante el cielo y el infierno (ver 6:6). Pablo nos da una exhortación y advertencia: "Estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron" (1°Corintios 10:6). 

Después, Pablo describe una fórmula para evitar la tentación, una ruta de escape que Dios ha puesto a disposición de todos sus hijos: " No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar." (10:13). Cuál es esta vía de escape? Es un desarrollado conocimiento y experiencia del santo temor de Dios.

¿Por qué este mensaje sobre el santo temor de Dios es tan importante para la iglesia hoy en día?

La Biblia nos dice en términos bien claros: "Seguid... la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Aquí está la verdad, así de simple: sin la santidad impartida por Cristo solo por fe - un don precioso que honramos llevando una vida devota de obediencia a cada una de sus palabras - ninguno de nosotros verá al Señor. Esto no solo se refiere al cielo, sino también a la vida presente. Sin santidad, no podemos ver la Presencia de Dios en nuestro caminar diario, en nuestra familia, nuestras relaciones, nuestro testimonio, en nuestro ministerio.

No importa a cuántas conferencias cristianas asistamos, cuántas grabaciones de sermones escuchemos, a cuántos estudios bíblicos hayamos asistido. Si nos negamos a creerle a Dios para librarnos de un canceroso pecado - si el Señor tiene una controversia con nosotros por nuestra iniquidad - entonces ninguno de nuestros esfuerzos producirán fruto divino. Al contrario, nuestro pecado solo crecerá y se hará contagioso, infectando a todos a nuestro alrededor. Por supuesto, este problema va más allá que los deseos de la carne, también corrompe el espíritu. Pablo describe el mismo pecado destructivo en este pasaje cuando dice: "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor." (1°Corintios 10:10).

Entonces, querido Santo, ¿dejarás que el Espíritu Santo te sostenga frente a todas las tentaciones para que puedas soportar? ¿Buscarás en serio el escape que Dios ha provisto para ti? Te exhorto: Cultiva un santo temor al Señor en estos días. Éste te guardará de arruinar tu espíritu, no importa qué tan fuerte sea la maldad al rededor. Y te permitirá caminar en la santidad de Dios, manteniendo la promesa de su Presencia permanente.

Todo es una cuestión de fe. Cristo ha prometido guardarnos de caer y darnos poder para resistir al pecado - si es que creerás lo que El ha dicho. Créele por este santo temor. Ora por él y dale la bienvenida, pues sabes que Dios cumplirá Su Palabra para ti. Tú no puedes librarte de los lazos de pecado de la muerte por tu poder, ni por promesas ni por ningún esfuerzo humano. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho El Señor" (Zacarías 4:6). ¡Amen!

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MANTENIÉNDOSE PURO EN UNA SOCIEDAD PERVERSA


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Dios te bendiga y traiga revelación a tu vida de la Mentalidad de Cristo que ya está en ti.